Va un hombre por una calle de Sevilla pisando fuerte para que llegue hasta el fondo de los patios el eco de sus pasos sonoros, mirando sin tener que levantar la cabeza a los balcones, desde donde sabe que le miran a él, llenando la calle toda con su voz grave y bien entonada cuando saluda a un amigo con quien se cruza:
“¡Adios, Rafaé…!”, y da gloria verlo y es un orgullo ser hombre y pasar por una calle como aquella y vivir en una ciudad así.
Pero aquí en Nueva York, donde un hombre no es nadie y una calle es un número, ¿cómo se puede vivir?
Juan Belmonte, matador de toros, 1934 [pag, 175.]. Juan Chaves Nogales. Libros del Asteroide, Barcelona, 2009 Foto: Manhattan bridge, de Berenice Abbott, 1936