Mi madre y yo nos sentamos en la terraza acristalada de la cocina con el frontal abierto.
El sol de invierno es un espejismo primaveral, pero estamos tan faltas de él, que nos dejamos engañar.
Mi progenitora lee el Yo Dona con pasión. Yo trasteo con el móvil.
Levanta la vista de la revista y me pregunta:
- “Vintage es antiguo, ¿verdad?”
- “Más o menos”
_ “Entonces, yo soy vintage”
_ “Mamá, me temo que primero hay que haber evolucionado para retroceder”.
Y le doy un beso para restar brusquedad a mi respuesta.
Pero ella sigue leyendo, feliz, la columna de Suzy Menkes.
Y yo me replanteo mi respuesta.
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