“Laurence me hizo comprar un vestido de noche dorado, de Poiret, y como volvía a estar muy delgada me caía muy bien. Una señora rusa que era la novia de Stavinsky me hizo un turbante con una red elástica dorada muy apretada sobre la cabeza, que me hacía parecer a Tutankhamon. Man Ray me fotografió con una boquilla larguísima en la boca. Fue sensacional”.
Una vida para el arte [pag. 66], Peggy Gugenheim; Parsifal ediciones, Barcelona 1990.