“Durante aquel invierno, Sindbad, que estaba locamente enamorado de Marlene Dietrich desde hacía más de una maño, le mandó una carta muy tierna. Le dijo que le gustaba la cerveza y esquiar, y añadió: Odio a Greta Garbo, ¿usted no?. Le pidió que le mandara una foto con un autógrafo y al cabo de unos meses recibió una carta en que una de las secretarias de la diva, en la que le comunicaba que si quería la foto tenía que mandar un dólar”.
Una vida para el arte [pag. 136], Peggy Gugenheim; Parsifal ediciones